Balada en La Merced

15:53 Edit This 0 Comments »

Me he preguntado por qué esta noche, el presente y lo mítico, tu amor y la muerte; dan círculos en mi pecho; y por qué la selva roja ha de dormir otra vez ante la rabia. Yo, que ni voy, ni vengo, sin compás de espera, penetro el viento como un sonido que ruge, excitante y dulce. Pero, he de dormir otra vez, entre vasijas muy oscuras, arrodillada en tu ceniza.
Quién sabe, esta noche; qué alfabeto de lagartos reverbera sobre el tiempo. Por qué, así sumergido en legaña verde, aún hierves cual justo sol. Por qué, crucificado como un ebrio, aun subo tus escaleras. Y por qué, orgullosa aún, sobre el cierzo del calabozo, cabalgo aquí; sobre este sueño de papiros.
Este territorio que estalla en la mentira, esta tierra prometida marcada por la pesadilla, es el mismo lomo amarillo donde escribes tu fuga en el mar; quizá estoy hecha de tierra, quizá tú estás hecho de arenas, y nos abrazamos en la misma playa vacía que vibra y rueda.


Vientos de octubre

20:55 Edit This 0 Comments »

A medianoche, mientras seco mi cabello
y el deshielo del mundo
desemboca en la plaza salvaje
me llevo a cuestas
éste movimiento tuyo
para respirar, para preguntar algo
Entonces, vienes derecho
transversal
y atraviesas mi interior de vidrio,
pero éste, tu duelo en llamas
escamotea la noche,
le da guerra al dolor,
a estos vientos de octubre
Te llevo a cuestas,
ya derretidos los hielos
sobre mis manos
Vienes a mi boca
como el humo al final de un incendio

Fin de mes

20:47 Edit This 0 Comments »
Te digo, te aguardo en mi memoria, como una piscina repleta de rocas oscuras, más redondas que la luna. Me he perdido, susurra mi perro, y yo le he dicho que hemos de conquistar el miedo, coger el desastre como una masa de pan y hornear nuestra última cena. Creo en Cristo, en esa fotografía malherida que repite su traición; en realidad es una buena película el vía crucis, ya nadie entiende de justicia poética, la sangre es más justa para los ansiosos panes.
Me iré, he dicho; me iré de una vez, cuando este país termine de irse a la mierda; pero sigo sentada diciendo tonterías, el país se fue a la mierda cuando cayó el sol y llegó la pluma. Sigo diciendo, sigo quejándome, de palabras así, un poco vacías, mal escritas, se escribe el mundo, su película y su negocio.


Pase a cobrar a RRHH: su inefable precariedad

Estudios de paraíso

20:44 Edit This 0 Comments »
Éramos tan jóvenes como el sol…
Ahora la estrella oscura, el agujero negro del tiempo ha jugado libremente con todos los fusiles;
se han acabado todas las balas, y me queda tan solo
un cuchillo en la memoria.
Aquí, arriba
donde la vida se aglutina,
aquí te ofrezco una canción,
un cuerpo oblicuo, para amedrentar este camino,
donde hay fornicación,
la chispa y hay fornicación,
parchando las estrellas y hay fornicación.
Tú ya no recuerdas, vas dormido como isla buscando equipajes.
Acá arriba, en el anteparaíso,
te guardo un fiel martillo para despertarte y devolverte tu perdida ternura.

Cuatro días de oleaje

18:33 Edit This 0 Comments »

Nosotros beberemos la luz que se extingue sobre la pólvora; aquella liturgia tendida sobre la hoguera. Nosotros, la manada de espinas que tensa su elegía en la ciudad, beberemos el tufo salino de las avenidas, el ácido rumor de una sonrisa prohibida. Y aguardas –te digo- en mis sueños, en un cultivo de amapolas en pleno verano. Pero, la tarde nos subleva; y he oído el rumor del bosque; y he oído caer tu nombre como una catarata de balas sobre mi pecho de perro envenenado. Y he oído, tu silencio de metal. Y he oído, el siseo de tu boca al nombrar la noche. Viene el humo. Viene la noche en su alfombra roja, y toda la fatalidad de tu cuerpo, que golpea mi copa. Viene el diluvio. Este oscuro amanecer, que descansa tu espectro de diamante. Aguarda –te pido- un cajón para guardar tu cólera; aquel viejo reptil que alista la madera, para clavar todas mis palabras en tu Cristo. Adolescente –te pido- conjura mi cabeza de antílope cazado hacia ti.

Por esto, suspendido en el hangar del viento, un lobo adolescente aúlla, descuelga su magia en el alfabeto enfurecido. Por estos cuatro días de oleaje, descuelga tu clava cabeza, para descansar de la marcha y rumiar como una minúscula abeja sobre la flor de los ataúdes.

Punto cero

20:28 Edit This 0 Comments »

no soy nada
sino un conjunto de escenarios
donde a veces cruza alguien
e irremediablemente ve su sombra
y me ve, y yo lo veo

y luego nada

Canción urgente

19:28 Edit This 0 Comments »

Y nuestra noche otra vez de noviembre,
supo decir que tu inútil mano hila Itaca
puedo repetir
tanta boca
tanta caverna por esta hoja
puedo repetir el látigo
a Cristo
Decir, tu mano es la carnicera de mi pecho
Todo tiembla y puedo repetir
Que toda gacela es un tambor de amor sonando alto en Altamira

Decimales negativos en el cielo

20:11 Edit This 0 Comments »

Un obispo tenebroso cuelga la hostia del pecado sobre las nubes, para que todos los seres alados como tú se pierdan acelerados por el vicio de vivir copulando; dándole besos a un Dios montado de planillas. Tú fuiste concebido a esta hora en que te pienso mal y te deseo lo peor del mundo, porque de tanta negación he escrito mi propio rostro y lo beso. 


Alicia en el país de la sal

23:18 Edit This 0 Comments »

Te miré; y mientras la polilla asomaba su labor, la habitación iba limpiando mi memoria. Alicia, tal vez podamos encontrar ese vestido que baila desde su infancia como un zumbayllu sobre el desierto, como un planeta arrastrando sus signos, como en una reunión atómica donde abrazo este justo momento. Tus vestidos Alicia, el ladrido de la noche en Comas y tu nombre. Se deshace tu nombre AAAAAAA la noche parece suspirar, y todos los perros del parque ingresan en mi cabeza. Suenas y suenas. Repicas en un juego de espejos, tal vez Alicia la simulación de cortar a los testigos, de marchar en hierro, paga bien en los altos suelos. Pero esta habitación, esta ciudad de sal, este mundo que ha virado hacia atrás; suena y suena, como un grupo de mariposas que susurran sus memorias antes de partir.

Porque escribí, Enrique Lihn

19:05 Edit This 0 Comments »


Ahora que quizás, en un año de calma,
piense: la poesía me sirvió para esto:
no pude ser feliz, ello me fue negado,
pero escribí.

Escribí: fui la víctima
de la mendicidad y el orgullo mezclados
y ajusticié también a unos pocos lectores;
tendí la mano en puertas que nunca, nunca he visto;
una muchacha cayó, en otro mundo, a mis pies.

Pero escribí: tuve esta rara certeza,
la ilusión de tener el mundo entre las manos
—¡qué ilusión más perfecta! como un cristo barroco
con toda su crueldad innecesaria—
Escribí, mi escritura fue como la maleza
de flores ácimas pero flores en fin,
el pan de cada día de las tierras eriazas:
una caparazón de espinas y raíces

De la vida tomé todas estas palabras
como un niño oropel, guijarros junto al río:
las cosas de una magia, perfectamente inútiles
pero que siempre vuelven a renovar su encanto.

La especie de locura con que vuela un anciano
detrás de las palomas imitándolas
me fue dada en lugar de servir para algo.
Me condené escribiendo a que todos dudarán
de mi existencia real,
(días de mi escritura, solar del extranjero).
Todos los que sirvieron y los que fueron servidos
digo que pasarán porque escribí
y hacerlo significa trabajar con la muerte
codo a codo, robarle unos cuantos secretos.
En su origen el río es una veta de agua
—allí, por un momento, siquiera, en esa altura—
luego, al final, un mar que nadie ve
de los que están braceándose la vida.
Porque escribí fui un odio vergonzante,
pero el mar forma parte de mi escritura misma:
línea de la rompiente en que un verso se espuma
yo puedo reiterar la poesía.

Estuve enfermo, sin lugar a dudas
y no sólo de insomnio,
también de ideas fijas que me hicieron leer
con obscena atención a unos cuantos psicólogos,
pero escribí y el crimen fue menor,
lo pagué verso a verso hasta escribirlo,
porque de la palabra que se ajusta al abismo
surge un poco de oscura inteligencia
y a esa luz muchos monstruos no son ajusticiados.

Porque escribí no estuve en casa del verdugo
ni me dejé llevar por el amor a Dios
ni acepté que los hombres fueran dioses
ni me hice desear como escribiente
ni la pobreza me pareció atroz
ni el poder una cosa deseable
ni me lavé ni me ensucié las manos
ni fueron vírgenes mis mejores amigas
ni tuve como amigo a un fariseo
ni a pesar de la cólera
quise desbaratar a mi enemigo.

Pero escribí y me muero por mi cuenta,
porque escribí porque escribí estoy vivo.

Nepal

19:09 Edit This 0 Comments »

Veo por las noticias el terremoto de Nepal, el Himalaya se desprende, y la gran herida en el Olimpo de las cumbres se desarticula; ninguna herida es bella para siempre, incluso las cicatrices vuelven descosidas; vaivén de porquería, danzas a tu eterno retorno como un niño en su mecedora de domingo. Lo que me queda es seguir leyendo, y leo como un ignorante su mapa natal, leo y releo las noticias como un manual de sobrevivencia. Alguna de mis voces me reprende y por fin entiendo que mi carne se teje y se desteje en favor de la avalancha, yo que abracé tan fuerte mis estigmas y mis cruces, cual peregrino embrutecido por su Cristo. Voy entendiendo que mi aliento juvenil se extingue, que las placas viran; sin embargo la gran araña que teje mi destino está perdida entre reportes y mails, y traga como una película todas las imágenes y como en un remolino de rio, se lleva los 4 mil muertos de Nepal, los escombros de Nepal, los closeups de Nepal, las espesas nubes de Nepal y todo ingresa a la vorágine, a la danza. Leo como un obsesivo compulsivo, tomo los apuntes, firmo los perfiles, diagnostico hasta el futuro y el ángulo de una casa derruida, y la foto de montículos y escombros, y las piernas sepultadas por cemento, y los autos reducidos a chatarra, y las moscas en su carnaval, y los usuarios embebidos se liban de noticias, nada importa, mi alma llega tarde, olvida registrarse y así va como fantasma apurado por su otro fantasma.

Trilogía en tres actos

11:51 Edit This 0 Comments »


















A Jorge
I
Allá, donde era
Allá donde la bestia se arremete contra mí
Allá donde una espada visita a los enfermos
Allá donde un torero coge un vaso de cerveza
Allá, donde era Ese animal de aire que va tocando su tambor
II
Pero aquí, ha caído el telón
recogemos nuestras lágrimas y sonrisas,
nuestros vestidos de espuma y de sangre
y este lento alcohol que sube como agua helada hasta mi nariz,
no es más que el chorro de mi aliento
que se abisma desnudo como una cascada violenta
III
Alguien coge una escoba y mi corazón, y va guardando los deshechos en una bolsa
Recogemos nuestros rostros, nos cogemos de la mano los tres
y apagamos las luces.