Horas de museo

20:18 Edit This 0 Comments »

Así suceden ciertas cosas, como un trasatlántico que te parte la cara a mitad de la tarde. El Kunsthistorisches Art Museum de Viena o Museo de historia del arte de Viena, es prueba de ello. Arthur un cuarentón de medio pelo, un tipo sin más luces que las de realizar su laborioso trabajo de oficinista indeterminado, encontró una buena razón para repetir su visita al museo, tal vez por evitar llegar a casa, tal vez por evitar ver a los amigos, tal vez por evitar emitir las tan repetitivas palabras, lo cierto es que así como se inicia un hábito, así también puede abrirse paso un ritual. ¿Qué diferencia separa uno del otro? o ¿qué acto lleva a otro a convertirse en rito? Aquel casi pensamiento obsesivo que te persigue a repetir soberanamente un hábito con meticulosa definición o tal vez, son accidentes que repetimos para sangrar en el rito dos o tres veces más de lo necesario.
A: Recibí tu mensaje, qué pasó
B: Por enésima vez, a esta chica le gusta lamer al muerto como 200 veces y nunca morderlo
A: ok, ella es un gato montés salvajemente domesticado y tiene un conflicto de intereses contigo
B: Es más nefasto, más cruel, más tortuoso, pero eso sí; enormemente idiota todo esto
A: Y bueno, día con día tenemos que agotar nuestra cuota de idiotez tirada al suelo no crees?

Del otro lado está ella, el eslabón egipcio, Zaliki; su padre le pagaba los estudios, aunque ella preferiría tomar trabajos a medio tiempo para poder gastarlos y no registrarlos en ninguna exposición de sumas y restas contables. En poco tiempo, sería acusada de homicidio en primer grado. Su abogado el no muy talentoso Sr. Bahr, le pediría a Zaliki que se ahorre sus gestos de soberbia frente al juez –como si el camaleón pudiera dejar de mutar cromáticamente en un juicio- que el perfil que debía asumir, era la de una joven atormentada por su situación económica. Ella solía frecuentar los bares y museos de Viena, y si bien tenía por épocas cortas, problemas económicos, se las arreglaba vendiendo cosas a terceros.
Arthur Grillparzer, también gustaba del arte; un vagabundo en el museo conversa con otro, y puede aquello convertirse en una catarsis invisible, o práctica ensayo-error de amistad; lo cierto o casi veraz es que ciertos hábitos y ciertas conversaciones son de este tipo, minucias que luego se transforman en el héroe de la sala, o las ordalías de otra.
A: Viste lo del muro de Juan Carlos?
B: Sí, muy gracioso
A: Me excedí con gusto, mi suspicacia tiene tinte achorado lo sé. Luego tuve una conversación interna con él y se puso categórico, fue más gracioso aún
B: Ya casi no tengo roces con Juan Carlos, estamos en una etapa de mutuo respeto, es como hacer un 69 no físico
A: Me imagino el respeto griego que se tienen sobre la mesa o sobre el grass artificial de los domingos
B: La selva era para ti, lo que Grecia para los occidentales. Iba a decir algo con Welcome to the jungle pero se me escapó la idea
A: Y cuando iba a bajar del bus, me mataron con una canción de Juan Luis Guerra
B: Cuál?
A: Burbujas de amor, y cuando bajo del bus, llovía, y claro el cobrador casi me lanza al paradero. Una típica escena limeña por supuesto
B: Like bubbles in the air, llovió poco rato, no? yo entre a mi práctica, salí y ya estaba todo mojado pero no precipitaba nada 

Dos meses antes, la víctima, “el muerto” -el ahora Sr. P del expediente 002231- entró clandestinamente al departamento de Zaliki, quizás su intención era husmear o realizar una descripción taxativa de su espíritu; no era su primera vez, se servía del trabajo en el condominio para husmear la vida de la gente, no era un acosador compulsivo, ni un intento de psicópata violador; sin embargo era un coleccionista de rastros demasiado amoral, le disgustaba la sangre y la violencia, cual emperatriz observa la vulgaridad del circo romano –aunque mientras tanto se sirva de ella- Aquel día, el Sr. P al entrar a las 5:43pm al departamento de la joven, observó memorioso los cajones, contó los focos de las habitaciones, así como el número de frascos en la despensa del baño; se sentó en la única silla del apartamento, para luego desaparecer. Zaliki nunca se enteraría que el hombre estuvo ahí, no hasta el juicio. Entonces, una piedra fue lanzada al rio casi al mismo tiempo que la onda se precipitaba a formarse.

A: Sí; me gusta la llovizna, por cierto
B: Me gusta estoy harto de verte con otros
A: ?
B: Catatonía Cadillac, tengo que refugiarme en lo que sea, sea yo u otra cosa. Ahora soy una cosa
Durante el juicio oral, la protagonista y los testigos, se comportarían como lo que eran, actores de poca monta. El Sr. Bahr no era uno muy bueno, por eso su traje era casi su rol tejido hacia la punta de la lengua, el hombre mejor vestido de la sala sin duda. Tenía por supuesto, sus elementos de abogado; pero carecía de lo más importante en los procesos judiciales; actitud para declarar. Eso quedó demostrado, aquella tarde, cuando la protagonista, se defendió mejor que su propio defensor. Desmontó todas las acusaciones que se tendían sobre ella, sorteó todas las trampas que le tendió el fiscal. Su soberbia no resultaría ser su talón de Aquiles, sino el veneno invisible que haría alucinar a todos los presentes.
Zaliki le contaría al juez, durante las sesiones, que hacía ya un año que llevaba una vida dispersa, entre los estudios, bares y museos, le contaría además que solo tenía una persona a quien contarle sus devaneos, y este personaje era Arthur, nuestro cuarentón de fin de siglo, casi un muestrario contemporáneo de vitrina los dos.
El Sr. Bahr apelaría a la emoción violenta en defensa propia, en favor de la joven; la joven apelaría a la justicia moral; y nadie entendería nada, si es que acaso yo entendí algo de la historia; porque esta historia es como esas historias que te la cuentan y no te la crees, pero si es de primera mano, algo de veracidad o mentira verdadera debe haber.
Arthur sería llamado a declarar, le preguntarían sobre qué temas o qué tipo de infidencias guardaba la vida de la joven, y que en favor de la justicia por la que estaba jurando al iniciar la sesión, tendría que exponer. El respondería muy escuetamente que al igual que él, ella tenía el ritual de recorrer casi sin motivación alguna el Museo de Viena. Declararía para el muy frustrado fiscal, que desconocía la vida de la joven –o al menos desconocía los hechos ocurridos en el apartamento del Sr. P- además diría casi al finalizar su testimonio, qué no tenía la menor idea por qué tenía que declarar, por alguien que apenas conocía.
Todos en la sala se miraron, Zaliki bajo la cabeza, la única vez que lo haría, y el Sr. Bahr daría por terminada la rueda de preguntas.
Después de largas jornadas, la joven sería absuelta, declarada no culpable con prisión preventiva, así como el de cumplir servicio comunitario. Los tres personajes del triángulo trivial alrededor de Viena, no se volverían a ver. Arthur no volvería al museo, Zaliki se mudaría, y el Sr. Bahr se tomaría unas vacaciones pasados 3 meses.
La verdad del fiscal, no convenció a nadie, casi siempre la verdad no convence a nadie; Zaliki tiene ya 38 años, almuerza sola en un Bistró cerca de casa, sujeta el periódico mientras el camarero le trae la comida, allí se figura un artículo titulado: “el abogado Bahr fue encontrado muerto en el Palace Center”. Zaliki se ríe y dice: Viejo bufón, hay que saber sobrevivir; entonces el camarero aparece y ella se dispone a sacar el periódico de la mesa, pero entonces un chorro de los guisantes se derrama en la mesa, el camarero se disculpa y empieza a limpiar; ella lo mira quietamente como observando su vergüenza, y no dice nada. El camarero se incorpora, vuelve a pedir disculpas y ella vuelve a quedar en silencio. Ella va comiendo su almuerzo, piensa en Bahr, en Arthur Grillparzer y se decide por fin, a olvidarlos.
A: Somos dos papeles arrugados en el tacho
B: Al menos soy el que se clava el puñal más notorio entonces
A: Quién sufre más, es algo que no es cuantitativo, o es lo que menos importa. El hecho o la cosa nostra, es que sufres
B: Sí, sufro y soy cosa, coso. Da igual mi sexo ahorita

Edgar A. Poe escribió “Si quiere olvidar algo en el acto, haga una nota poniendo que hay que acordarse de eso” Zaliki quería olvidar el juicio, o se disponía a firmar el recuerdo. Aquel día que la conocí en el Bistró, ella tomaba resoluciones para olvidar y me contó esta historia, yo decidí narrarlo. Tal vez, cuando entregas tu relato a un extraño, este se extingue para siempre, o se transforma en un recuerdo apacible; no sé por qué ella me contó su historia, no sé por qué me quedé prendada de ella, no sé por qué la estoy escribiendo, solo sé que el juicio dividió su conciencia en dos, y desde ese momento –y tal vez también mientras escribo esto, también esté haciendo lo mismo que ella- solo se podía decir, o hacer lo que había que hacerse. Anoche mientras pasaba de la vigilia al sueño, me sacudí casi al mismo tiempo de levantarme, temblé, me agité, convulsioné a medio sueño, no sé por qué sigo pensando en Brueghel y en Zaliki, no sé por qué aún me sacude por las noches, algo que no llego entender todavía. Mi celular suena y la duda se dispersa por un momento.

Bitácora de muertos

09:58 Edit This 0 Comments »


Acabas de abrir el periódico y encuentras una bitácora recuento de los muertos de la semana, es lo usual, y a la vez no lo es. La memoria es esa niña traviesa que escoge a dedo el hecho más categórico de la lista.
El fotógrafo se despierta a las 6:00 am como todos los lunes, a las 6:16 para ser exactos. Las cosas suceden así, en el umbral del cambio, en el acto intermedio que se ensaya entre un paso y otro. Tenía una reunión con su jefe en el periódico, para debatir si su trabajo ameritaba que se quedara a tiempo completo. Ya había recorrido provincias y mazmorras de Lima, como para merecerse una reunión.
-          Quiero venderle un muerto al día –interrumpió-
-          Los noticieros venden eso todos los días
-          Claro, pero no venden muerte con misterio
-          Ah, y ¿cómo es una muerte misteriosa?
-          Una muerte con misterio por ejemplo, es encontrar un hombre desnudo en la acequia  con los miembros genitales extraídos
-          ¿Y cómo me conseguirías no solo muertes diarias, sino muertes misteriosas a diario?
-          Es sencillo, tengo amigos en la morgue, recorro por las noches,  Lima; siempre se encuentra algo
-          Una bitácora de muertos
-          Algo parecido; una foto con una pequeña descripción satírica de su muerte, como se merece al menos un NN
-          ¿Crees que vas a encontrar muertos a diario? ¿Hijo, ves muertos por las noches?
-          Tal vez para un hombre diurno le es difícil imaginar que todos los días muere alguien sin historia.
-          ¿Sin historia?
-          Todos tenemos historia, pero si nadie la cuenta, es como si no hubiéramos existido.
-          ¿A cuánto el muerto?