C29

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-Esta tarde en mis extremos –dijo Mel- luché con el deseo de hablar, y esparcir cuanto había proyectado en mí; una escalinata de secuencias tuyas. Ya no tenía mucho que inventar, mi mente cual hoja gastada, irremediablemente era la evidencia del daño que causa el orden del tiempo; traer, esculpir y espolvorear frases y actos improbables, ya no eran parte de mi consecuente hábito y superstición; y por segunda vez me había quedado vacía en un instante mientras repetía palabras innecesarias en una charla de mujeres, era el sonido de la ruina inminente. Ya como seguían los días en el presente me era difícil imaginar laberintos o disipar mis preocupaciones tras los informes a mano, sabía a qué atenerme una vez más; al acecho de tu visita, como si de pronto abriera un gabinete y encontrara la llave de la cortesía, del beso y la calidez necesarias para continuar el día. Tal magia no existe, como no existe el amor sin la muerte bajo su cama, y me quedé pensando en el agua, en los remolinos que se funden las palabras en el rio; en el sonido de mi voz repicando contra las rocas, cuando te recordaba definitivo, número entero que podía ser circunscrito en el lenguaje o en las preguntas que te había hecho.-
-Nuestra relación comenzó en el agua, como una especie de anonimidad en todo el cuerpo, muertos e indistinguiblemente plenos de color en el desierto; creí que quizás un día de retirada en el agua tardarían las horas entre mis dedos, comencé a tratar de huir, guardar mi vergüenza bajo el agua; que podía yo decir sino sobre mi estudio psicológico sobre el lenguaje; el hombre moderno en búsqueda de una relación; era el fin aquella misma lumbre, el fin de la aventura –

-Esa historia ya no existe, sino en palabras y murmuraciones, sino en el techo entre el polvo y la madera; donde se construyen barcos de arena y alas para danzar, pero ese mundo existe; existe en tu continuación…-

-A donde se discurre el agua –dijo Manuel- a quien le pertenece finalmente el ánima móvil de las personas, y me quedé pensando, recordando…a qué barco había yo asistido por última vez, a quién le pertenecía este hiriente sentimiento; sin duda ya no era el mismo de antes, y las ideas se me exponían más simples de lo que antaño me era necesario; yo había tomado resoluciones importantes, había dado pasos para mí; y estaba aquí de pronto con esta angustia de medianoche, haciéndome preguntas mientras hacía sonar la música, pero sin duda yo ya no era el mismo de antes-