Medio día contigo

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A ímpetu nato, te dibujo la cóncava animidad de mis labios; que se nos convida a dádiva, así de fortuita forma; bajo estas lenguas, sobre nuestras gargantas sosteniendo el aliento a verbo, repicando la pasión de nuestras letras, de nuestras bocas, de quien sabe algunas mentiras fragmentas, que son solo una excusa. Las estalactitas del habla caen con vigor, a fuerza sin aviso y sin retorno, renacen diosas perpetuas bajo estas nuestras manos; para darnos una mejor fiesta, para esta calle, en esta hora tan melódicamente debilitada por puras fraserías de jerigonza, de puro configurado neovanguardista sin el perfume inmorte de los versos, de aquellos versos que se surcan tres mil vidas y se prosternan, se yacen exultantes y/o silentes bajo la sangre, transmutándose a la siguiente vida, a la generación contigua, a tu boca, a la mía, a toda la historia. Este rayo, este calambre mental, que hila nuestras pupilas, no es la estela que se esparce artifícea y se tiñe en la oscura noche; no, no. Es este fragor de mediodía, el que empaña cómplice, el miriñaque genético de este siglo; para maridar nuestra formula que espabila; y tan candorosa nuestra conciencia, se encandila, se adormece cual doncella y nos deja hacer lo que nos da la gana. Nosotros no le husmeamos a la estiba de esta pieza temporal, yo te cruzo una pierna a la vuelta del oído y me sostengo del crujido amanso de la sílaba que asoma hacia tu comisura, y así tan preciso tu brazo envuelve el bramido de este cuello, que le hace eco a mi silencio y te invita puntual una gota de ambrosía, que supo a miel en otros días; no es un día frecuente, es un año universal que se despierta , que estira sus largas piernas fusionando la combustión de esta hora sin categoría; y a la libido se a vista, le pisa la huella; se le adjunta y a la sombra literaria se nos enquista briosa, en la concreción calcárea de estos prostitutos morfemas, que no nos hacen juicio, así que le damos vuelta; los entretenemos con el néctar anís de un vaso cualquiera y los hacemos arder, y al fin entiendo por qué a esta doceava hora, me arden tanto las mejillas y la espalda; es esta hoguera, este mediodía se nos lleva, nos liberta. Es el muro de concreto frontal el que batalla, el que se desliza para ofrecernos a la cara el reedite de nuestro idioma; lo intenta cual cáscara materna en tiempo de serpentino a luz. Pero ese soplo fantasma cae, se cuaja y muta; nos seduce a engullir la letra, nuestra jerga corpórea, que se hace suya entre misma ella, se inmiscuye, se dislexa y se nos entrega en un furtivo espiar de soslayo, o en la afrenta solemne de nuestras retinas. Yo me pregunto bajo el barullo de la distractora cialorrea presente, sobre la introducción de los verbos, me cuestiono, por qué le debo una palabra a esta mano, a esta boca persecutora, por qué se le tarja a nuestro lenguaje con tan buena dicción, si yo solo quiero vibrar recalcitrante al zumbar de esta tarde; con una botella dulcía y otra formal dehida que nos va licuar esta tarde tan perfecta, tan eterna.
Existe un toque, un quinto toque perenne, que se envuelve en la gravedad de este madrugado parque, que se sucede a imagen de mi clarividencia, ¿Te lo debo? o ya ¿Te lo di? Porfiado tengo el cánulo de la memoria; yo solo me inserto y me siento sobre esta oración contigo, para intentar llevarme todas las palabras, sobre todo las que flotan distraídas, para trastornar el taimado ritmo del silencio, el que nos silba sinvergüenza desde hueso. Pero las palabras ruedan, resbalan, se empujan y toman lugar en esta banca, hacen juego de nosotros y nosotros solo le damos sitio.

A: John Martínez

1 comentarios:

Martínez dijo...

el gráfico mueve todo, preciso. Encontrar el arte para la escena. tarde/noche en ti