C1

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- Pura burla hipócrita y preguntas sin destino haces, realmente crees que tus aires de sapiencia engreída me va a cautivar? –me preguntó sin ninguna sutileza y clavándome directo la daga a mi orgullo recién estrenado.
- Jajaja, así que ahora tengo aires de sapiencia, fíjate tú que yo no sabía que despilfarraba esa imagen hacia ti, pero dime, así con la misma sinceridad que has hablado, te soné engreída?
- No digo, haces las mismas preguntas de rebote, como decir que azul es azul, realmente creo que quieres encubrir tus estúpidas alusiones de cultura que en realidad posees solo a medias, y eso ya es darte mucho mérito.
- Hago preguntas sin sentido, poseo aires de sapiencia y de cultura a medias, soy engreída, algo más? –le respondí casi burlonamente a sus preguntas con una gran sonrisa en mi rostro.
- Y sigues con lo mismo que empezamos señorita, y continuas burlándote de todo cuanto yo considero que es serio, al menos algo que sería digno de tomar con un poco mas de tino y más criterio de tu parte –lo dijo esta vez más calmo, pero aun serio y adusto.
- Hasta ahora he hablado, de la única forma que he aprendido a hacerlo y me viene en gana decirlo, por otra parte en ningún momento me lancé con improperios a ofender tu opinión o los principios de tu persona, aunque difiero ciertamente de ti en casi todo.
- Claro, es difícil para una señorita como tú atreverse a dar una opinión totalmente honesta respecto al otro o a un tema, pues tengo la certeza de que siempre buscas agradar al que te acompaña y buscas embelesar con risas e ideas dulzonas a hombres que incautos se creen las palabras que salen de tu boca. Estoy muy seguro, de que no dices todo lo que piensas, no es así?
- Oh, claro tienes mucha razón, tú; no digo todo lo que pienso; por ejemplo ahora estoy queriendo ir al baño y después irme a mi casa y ver una película que me haga sentir más cómoda o al menos tranquila, en vez de estar aquí contigo escuchándote decirme una agresión tras otra, sin que yo pueda entender aun por qué lo haces.
- Mira, si te quieres ir, puedes irte, haz lo que desees y sé al menos por esta vez un poco más coherente con lo que piensas, sientes y haces –y al terminar de decirlo se levantó de la mesa y me hizo una señal de que me iba a acompañar hacia mi camino de regreso a casa.
- Jajaja, realmente creíste lo que te acabo de decir? –y volví a responderle burlonamente, buscando que llegue a explotar de furia y rabia.
- ¿Estas jugando conmigo o qué?, me estas cansando, por qué mejor no somos totalmente sinceros y aceptamos que no nos soportamos y que nunca vamos a estar de acuerdo respecto a nada –esta vez lucía aun mucho más molesto y serio que nunca; y volvió a sentarse.
- Sincera estoy siendo, yo no me quiero ir, y no me ha causado molestia tus opiniones –mentí un poco- yo quisiera sin embargo saber, porque te has sentido de algún modo ofendido, o afectado por como yo te hablo; ya que en ningún momento he querido incomodar y arruinar esta bonita velada.
- Sigo creyendo que todo lo que sale de tu boca solo es veneno de sabor a miel, ¿por qué mientes tanto?, ¿porque no dices la verdad?, dime, yo sé que todo lo que dices siempre, todo es una mentira.
- Wuauuu, ahora también soy mentirosa; fíjate que mi carrito de defectos cada vez se está llenando más, vamos sigue, sigue quejándote –un poco afectada pero lo animé a que continuara.
- Creo que salir contigo ha sido la peor decisión que pude haber tomado esta mañana, estás llena de figuras y máscaras y no entiendes ni un ápice de lo que opinas muchas veces, antes te me figurabas más sabia, más Afrodita, más Musa; pero ahora veo como eres en realidad, y no eres ni el eco de lo que te soñé –se había calmado diciendo esto y me miraba interrogante, queriendo que yo le lanzase una respuesta tonta para que confirmara su presunción.
- Asumo que ya es casi lo último que tienes en la manga para querer hostigarme y afectarme, así que ahora si seré un poco más abierta contigo…Sí, tienes razón en casi todo lo que me aludes, soy inculta, soy engreída, soy burlona, intolerante también te faltó alegarme, soy mentirosa también y muchas otros adjetivos que van de la mano de los que ya mencioné…casi nunca te equivocas ante mis ojos, pues toda opinión que sale de tu boca, es para mí una verdad hecha ley, y te la discuto porque pretendo figurarte una mujer con criterio, alguien que entiende lo que dices, pues quien mejor para entender y replicar un juicio, que el que te critica. Tú en mi vida, eres lo que admiro, lo que yo quisiera hacer, lo que quisiera saber y alcanzar algún día; por supuesto no de la misma forma y no completamente gemela de tu ser, pero alguien similar. Siempre te he visto sonreír y cortejar, siempre tierno, galante, curioso, amable y preguntón; pero hoy te has revelado ante mí y te has vuelto otro, una persona desconocida para mí, me has hablado como nunca te he oído hablar y aun así te doy la razón. Pues para mi, en esta tarde, en este día, no me importa tener la razón, no me importa si soy o no culta, si tu sabes más o yo sé menos; este día lo único que me importa es estar discutiendo contigo. Y tienes aun más razón al decir que miento… Sí, cuantas veces no te he mentido, y he dicho que sí a cada capricho tuyo con encanto; no pues yo no estaba encantada. Yo le tengo miedo hasta a tu sombra, le tengo miedo a tu opinión, a tu sonrisa, a tus preguntas…sin embargo he aprendido hoy a reírme. Me rio porque ya nada es importante o irrelevante, todo es igual al fin y al cabo. Puedo hacer y decir muchas cosas de mí y de lo que pienso pero eso no va hacerte cambiar las cavilaciones ni juicios que tienes de mí. Me rio porque no me queda nada más que hacer. Porque sé que esto me causa más pesar que a ti.
- Basta señorita, basta ya –se había sensibilizado pero aun me miraba con seriedad y lejanía en los ojos.
- Sí, basta ya, basta –tuve ganas de llorar y a la vez de reír, pero sentí una paz muy en el interior desde la garganta.
- No te creo nada, pues tu misma has aceptado tu mentira general, que nada es cierto en ti, y aunque me sorprende tu imaginación para querer convencerme, te doy las gracias por esto, te tendré siempre en recuerdo, pues tu mejor que nadie me has sabido complicar, ese mérito lo posees hasta ahora.
- He dicho todo cuanto es cierto para mí, pero a la vez tú tan sabio, tan lleno de conjetura y juicio siempre tendrás a quien juzgar y alegarle la mentira, para que sigan actuando cíclicamente en tu teatro. Y siiiiiiii basta ya, basta ya.
- Adiós señorita, Ud. si que está loca –sonrió pero sin seguridad y se volteó para alejarse.
- Sí, estoy loca –lo observé alejarse y aun estando cerca me invadió completa la inagotable nostalgia, aun seguía temiéndole a su juicio y también le di casi toda la razón, pero esta vez fue diferente, esta vez me sentí mejor y me reí de mí.

Visita

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Estábamos los dos sentados, tomando una infusión acompañándolas con galletas; de pronto el cuadro lucía como el lonche de los dos hijos buenos, planeado y familiar. Me sentí expuesta, y sin saber cómo actuar bajo esas circunstancias. Qué se supone que debía decir, o en mayor caso, que debía no decir; ya que sus padres nos estaban escuchando cautelosos cerca de la sala, y tal hecho me provocaba desconcierto e incertidumbre; entonces recordé por un instante como era comportarse como la chica buena de la casa en mi infancia, para los tíos que venían de visita. Yo fuese tal vez por esa sola visita, una niña buena, queriendo dejar, al menos, una decente impresión, aunque tal vez no estuviese acorde con toda mi persona, mas eso no era lo que importaba en ese instante, ni en esa visita. Prosiguiendo él me preguntaba con naturalidad, temas para mí, personales, u opiniones que de por sí no me atrevía a discutir con mi mama o mi hermano; y por tal razón la idea que sus padres nos estuviesen oyendo me causaba incomodidad y mis respuestas no eran del todo natural; no por hipocresía, sino porque la naturalidad se me había hecho más fluida en circunstancias ya demasiado calculadas y encuadradas; todo fuera de ese encuadre ya parecía peligroso o simplemente fuera de mi alcance para responder con la mayor honestidad, y aunque no estuviese siendo tan espontanea en mi responder, el sentimiento que se perfilaba en el ambiente me sabia a ternura, me sonaba a protección; proveniente de sus padres que nos habían dejado el escenario listo, mientras se los presentía a ellos como expectantes cuidadosos de su obra. Aun así pude calmar mi sosiego por la escena, por la sensación de protección y atención que me había dejado la mesa con las galletas y las tazas calientes sobre la mesa.
Tal y como lo había descrito su madre, ella ahora se había resuelto a estar más cerca de su hijo y formar mas parte de su vida, aunque fuese en un té o una salida al futbol, y cuando lo hubo contado, su voz me sonó al cariño maternal que también mi madre poseía; por un momento pensé que tal vez fuese a causa de que ellas dos habían nacido en pueblos cercanos, y que su infancia y tal vez sus juegos hayan sido similares, y con el tiempo habrían también aprendido a amar con un son de aire ingenuo y cándido en la voz, tal vez fuese así, pero si muy probablemente habrían despertado bajo los mismos cielos inmensamente celestes y pincelados por las nubes; sin duda esa habría de haber sido otro tipo de vida. Y ahí nos encontrábamos él y yo, tomando de a sorbos la infusión caliente, que para el frio venia muy bien bienvenido al cuerpo. Sus preguntas no las recuerdo con exactitud, como así no recuerdo muchas de las líneas de conversación con otras personas; no, por no ser importantes, sino tal vez porque mi memoria no quisiese guardar recuerdo de lo que me hubiese provocado vulnerabilidad; y por otra parte además porque no estaba completamente ahí presente mi completa atención. Me encontraba aun un tanto anestesiada de los hechos y las atenciones, todo cuanto pareciese emocionante, se me figuraba relevante tan solo los primeros cinco minutos, para luego degluirse en la más honda insignificancia que pudiese haber presenciado; aun seguía sin volver en mí, sin reaccionar. Por algunos días cercanos me había conjeturado y llegado a convencerme de que en realidad yo me hube dormido de la vida hace mucho, y que lo que yo pudiese estar teorizando sobre mi presente angustia de mal de amores, era en realidad solo un síntoma de lo que de trasfondo había venido arrastrando por más de tres años.
Luego que terminamos la merienda de la mesa, me invitó para seguir conversando fuera de su casa, sentados en la esquina sobre la vereda, como lo habíamos hecho la primera vez que lo había vuelto a ver. En ese momento pensé que tal vez él hubiese presentido mi angustia de sentirme observada por el escrutinio de sus padres, o tal vez simplemente él sintió la misma necesidad de privacidad que yo.
Sentados de nuevo en la vereda, y aunque su sobrina no parase de bailar y regarse en él como una damisela; nos dispusimos a seguir charlando sobre nosotros. Desde que retomamos la conversación, por un momento me invadió la necesidad de hablar sobre el pasado, de indagar sobre ciertas motivaciones que siempre me provocaron intriga y duda, en los tiempos de colegio que nunca había tenido el valor ni la cavilación para averiguar. Qué había sido de mí, en esa época, qué impresión tenía de mí, que signifiqué para él, todas esas preguntas me invadieron. Estaba sobreexpuesta, y sentía que no era tan necesario que yo preguntase tales preguntas de una forma así directa, pues así sonaría a pretensión, a interés genuino que en realidad prefería, él no diera tal conclusión. Mi interés no era rescatar esa pasión adolescente, ni inmiscuirlo en los entramados de mi complicada vida, tan solo esperaba una opinión honesta y abierta de alguien que ya me hubiese conocido; y aunque tal vez hasta ese día yo lo considerase anodino en perspectiva, al ir fluyendo las horas descubrí que poseía una espontaneidad innata que me hacía sentir cómoda. Ahora las circunstancias eran diferentes, ahora era otra persona la que me obsesionaba y me causaba tanta angustia a causa de la indiferencia; a lado de ese contexto, cualquier opinión desagradable o recuerdo inefable del pasado; era cualquier piltrafa que no me causaría daño ni molestia, pues en ese instante yo adolecía de otra persona y lo demás ya no era tan angustioso en analogía con él. Por tal razón me atreví, me arrojé a preguntarle, o más bien a contarle detalles que él había ignorado por mucho tiempo sobre nuestra antigua relación y sus benefactores malintencionados que anduvieron siempre rondándonos. Él se sorprendió y hasta se burló con gracia de lo que le iba contando, me preguntó por qué no se lo había contando antes, y ni yo misma le encontré respuesta. Antes había creído demasiado innecesario decir aquellos detalles a cualquiera, pero detalles como ese, se los tenía que contar, anhelaba observar su expresión, su atención o desatención respecto al tema. Le conté varios detalles, en ellos incluidos muchos contextos de mi vida por ese tiempo, y que hasta ese momento no se lo había hecho conocer. Presentía que mi pasado o mis juicios no le causaban el interés que tal vez me hubiese gustado que si le causaran importancia; pero si era su forma natural de apreciarme, no tenia por que juzgarlo, me bastaba su parcial atención, al menos ese día. Seguí hablando pausadamente como si tratase de calcular bien lo que tuviese que decir, mas después sus ademanes y sus interrupciones interrogantes me desvariaron la ilación y ya todo se desalineó del encuadre en el que me sentía más cómoda; por un momento tuve la sensación de que me pudiese estar entendiendo, de lo que yo estaba sintiendo en ese momento, al menos en alguna magnitud la agonía interna por no poder decir o expresar, por no poder llorar al aire libre o simplemente tal vez poder trascender mi pesar, como se supone que lo hace un adulto sin afectar sus responsabilidades como lo estaba haciendo yo; así mismo él tal vez también pudiera estar sintiéndose así, me imaginé de rato en rato; aunque por otros instantes me invadía la sensación de que todo estuviese siendo una escena calculada para poder tenerme de su brazo como un ancla, y que quien sabe no fuese yo la única en servirle de tal utilidad. Todo era pues, sin duda incierto, como lo había sido casi todo lo que provenía de él desde que yo lo hube conocido, y era casi una aventura conocerlo ahora, en lo más intimo, en su casa, con sus padres cerca que lo cuidaban, dentro de su habitual contexto y sobre el momento más sensible de su vida hasta ahora, cuando él estuviese luchando por recuperarse del pasado y dar un paso en firme para hacer y pensar lo que se supone hacen los adultos. Entre cada tema, hubieron momentos en que no sabíamos que decir, y él atinó muy propiamente a decirme que el silencio se iría esfumando con algún tema trivial sin que durase mucho tiempo y que no debíamos preocuparnos por ese instante incomodo.
Yo aun me percibía anestesiada de la vida y del mundo, y lo envidié, envidié sus ganas de vivir que las sentía más grandes que las mías. Aun se encontraba dentro del programa de rehabilitación y tal vez el hecho de que todos a su alrededor lo estuviesen alentando para su recuperación y que ahora disfrutaba de compañía obligada y poca intimidad, lo hacían querer vivir y conseguir todo lo que se espera de un adulto. Tal como lo hubo dicho él, tener una carrera, tener una familia, independizarse y jamás recaer en la droga. Lo envidié por un momento por la seguridad que reflejaba al hablar de su futuro y de su mejora; pero a la vez tuve miedo por él también.
Toda esa seguridad la profesaba como si en realidad el mundo que se le exigía alcanzar fuese sencillo de conquistar, su seguridad no conocía pues aun los verdaderos desafanes que le harían hacer trastabillar los pies en el intento. Sus aires de futuro, sonaban a idealismo heredado, a eso que todas las generaciones debemos aspirar y cumplir, pero sería ese su verdadero afán y pasión por vivir?, por otro lado, aun si fuesen genuinas esas metas tendría que ponerlas a prueba sin ningún apoyo algún día, ya que estar siendo alentado, atendido, protegido y cuidado, le pueden dar a cualquiera esa seguridad para poder saltar del piso, porque uno sabe que hay un piso donde has de caer, mas el mundo como lo había descubierto yo; poco a poco te va quitando el piso, y cada vez se te exige saltar mas y mas alto, pues el adulto aspira a ser independiente. Tuve miedo por él y también tuve deseos de cuidarlo como lo estuviese haciendo su madre, aunque sin embargo un día llegaría el momento que el descubriese que el mundo puede ser tan agrio como la hiel y que sin el piso confort o el regazo cálido de una madre, todo pareciese ser sin sentido. Si, llegaría el día que él descubriese lo que yo estaba descubriendo, y lo que mi anestesie me impedía asimilar; y sentí miedo por él, pues tan cerca sentí el anhelo de su madre, de aspirar un futuro mejor para él, que también había calado en mí, de una forma inexplicable ese anhelo también para él.
Probablemente así lo descubriría algún día, y su modo de afrontar la agria realidad, seria la prueba final de su rehabilitación o no rehabilitación, ya que el hombre frágil que se encuentra nadando sin destino en el lodo, no desea nada más que alivianar su pesar, o tal vez cesarlo con la muerte; por otro lado tal vez esos fuesen caminos que yo cavilé días atrás, tal vez él no llegaría a esa conclusión, y no llegase a recaer como todos los que lo rodean temen. Pero por otro instante me vino a la mente toda una revolución de ideas, sobre mí y la explicación del patrón de mi actuar, y encontré tal vez la respuesta, con tan solo escucharle y estar sentada ahí con él un grupo de horas.

La Mantis Religiosa

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Mi mirada cansada retrocedió desde el bosque azulado por el sol
hasta la mantis religiosa que permanecía inmóvil a 50 cm. de mis ojos.
Yo estaba tendido sobre las piedras calientes
de la orilla del Chanchamayo
y ella seguía allí, inclinada, las manos contritas,
confiando excesivamente en su imitación de ramita o palito seco.
Quise atraparla, demostrarle que un ojo siempre nos descubre,
pero se desintegró entre mis dedos
como una fina y quebradiza cáscara.
Una enciclopedia casual me explica ahora
que yo había destruido a un macho vacío.
La enciclopedia refiere sin asombro que la historia fue así:
el macho, en su pequeña piedra,
cantando y meneándose, llamando hembra
y la hembra ya estaba aparecida a su lado,
acaso demasiado presta y dispuesta.
Duradero es el coito de las mantis.
En el beso ella desliza una larga lengua tubular
hasta el estómago de él
y por la lengua le gotea una saliva cáustica,
un ácido, que va licuándole los órganos
y el tejido del más distante vericueto interno, mientras le hace gozo,
y mientras le hace gozo la lengua lo absorbe, repasando
la extrema gota de sustancia del pie o del seso,
y el macho se continúa así de la suprema esquizofrenia de la cópula a la muerte.
Y ya viéndolo cáscara, ella vuela, su lengua otra vez lengüita.
Las enciclopedias no conjeturan.
Ésta tampoco supone qué última palabra
queda fijada para siempre en la boca abierta y muerta del macho.
Nosotros no debemos negar la posibilidad de una palabra
de agradecimiento.

José Watanabe - (De El huso de la palabra)

I

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No había podido pegar un ojo en toda la noche, la idea de que volvería a verlo me provocaba una emoción tan inmensa que ni siquiera encontré el modo de hacerlo exterior al menos en una sonrisa o particular manera de actuar, era yo, seguía siendo como siempre, excepto que coqueteaba con el vacio, me reía del piso y de las paredes, como si supiesen la razón de mi alegría, era tan magnífico todo, sonaba demasiado perfecto que me dijera: “Te extraño por eso te dije para verte el lunes”. Aquella noche me perdonó, a su manera, pero sé que lo hizo: “El pasado es pasado, dejémoslo ir”, no recuerdo si dijo exactamente estas palabras, mas esa es la línea que recuerda mi memoria.
Había luchado conmigo misma todo ese año, había roto todas mis reglas y había cambiado mis desbandes por una cacería de romances que tal vez eran solo la búsqueda que hubiese querido darme la libertad de hacer para buscarlo a él. Todo el miedo que sentí de vivir la vida como siempre me la imaginé, hasta de preguntar en la clase de entrevista psicológica; así de varias formas me había escabullido de decir lo que tenía que decir, de conocer lo que hubiese querido conocer. No, no fue la falta de valor, porque si hubiese sido falta de valor, no habría sido capaz de conocer personas de la nada, ni haberme largado de mi casa dos días y luego regresar sin ninguna culpa de lo que hice. No, no era la falta de valor, ese año me había atrevido a hacer lo que no acostumbraba a hacer, pero aun así, habían ciertas rutinas corrientes a las que le temía, como si esas rutinas si tuviesen algo que cobrarme.
No había dormido en toda la noche, la ansiedad me recorría el cuerpo de punta a punta y sentía una adrenalina escabulléndose en mi piel sin que yo pudiese aquietarla con alguna labor cotidiana o las usuales horas de lectura, esta vez era diferente, todos mis sentidos estaban alerta, y lo que percibía de mi alrededor me confundía y me sonreía mientras lo iba captando en su pasar. Despertar, levantarme, limpiar y cocinar; no, esta vez no. A la mañana siguiente de la dichosa conversación, tendría que ir a verlo donde habíamos pactado. Tendría que llegar temprano, no me permitiría que él me viera llegar a mí y pudiera examinar mi desorientación mientras lo buscaba, sabía que tenía que llegar temprano y yo esperarlo a él, así como lo habría escrito alguna vez en un poema.
Sí, eso tendría que hacer esa mañana, esperarlo yo. Salí quince minutos antes de lo que habría tenido que salir de mi casa. Mientras iba en la combi, que por la hora y ruta no estaba tan llena, sentía mil emociones, y luego al pasar seis minutos me pude sentar; tenía miedo, tanto miedo y mis ojos lo expresan también, yo misma lo percibía, tenía las piernas juntas y mis dedos entrecruzados puestos entre mis piernas, como una niña educada que espera su castigo sin saber que le aguarda. Así me sentía mientras iba mirando por la ventana y cantando casi a manera de paporreta las canciones que pasaban por la radio, y para amenizar el gran evento de ese día, era una radio de baladas.
La gente iba bajando e iba fantaseando como seria verlo y que todo fuese perfecto, tal vez como la primera vez que lo conocí, pero no, tenía la certeza de que no podría darse así, por supuesto él seria educado, como siempre lo es, me preguntaría por temas personales que casi nadie se atreve a preguntar, ya que él sabía cómo llegar a mi yo en sí; sería probablemente porque usualmente el sabia formular conversaciones largas y bien estructuradas, había leído mucho y sin duda había conocido gente de todo sitio e ideología; sin duda imagine que había conocido mejor el mundo, que yo y que habría sabido mirarlo mejor.
Mientras mi divagar mental me iba entreteniendo el viaje, me percate que ya estaba cerca, entonces busque mi celular para fijarme la hora; eran 20 minutos temprano, tendría que esperarlo más de lo que pensé. Tuve suerte, había una chica, muy bonita por cierto, que también bajaba en mi destino, y digo suerte, porque yo jamás había ido a ese lugar, solo lo había visto por la ventana varias veces, mas nunca hubo motivo para ir por ahí, siempre soslayé ese destino porque me parecía demasiado tétrico por su fachada. Bajé detrás de la chica y me sentí mas desorientada que nunca como había predicho que me sentiría, observé a donde se dirigía la chica, pero me senté en las bancas del paradero, para esperar que pasaran los 20 minutos, me voltee y vi a la señorita alejarse delicadamente hasta que dio la vuelta, e imagine que ahí a la vuelta se encontraba la puerta de la universidad; esperé 5 minutos y me animé a caminar por el lugar, tenía que reconocer al menos donde estaba, así no me podría perder ni desubicar cuando él llegase, seguí la ruta de la chica de la combi y al dar la vuelta me encontré con la puerta misma y con alumnos que entraban con menuda rapidez al lugar. Por un instante sentí alivio, al menos estaba en el lugar correcto y podría esperarlo, tranquila me dirigí hacia las bancas del paradero; entonces di media vuelta y regresé. Repetí mi rutina de espera, tomé mi celular, revisé mis mensajes, borré todos los mensajes enviados y los del borrador o bandeja de salida. Revisé de punta a punta los mensajes rememorando las anécdotas que tenia cada mensaje, luego que hube terminado, lo guardé, me senté a mirar de un lado a otro como llegaban y se iban los carros y las personas. Me puse a pensar por donde podría llegar él si es que según él vivía cerca, entre idea e idea se me ocurrió que definitivamente tendría que ser al frente de mi paradero y cruzando aun. En eso me envió un mensaje al celular: “Asuu. Pucha yo llego en 10 minutos o menos. Apurada ¡”.
Me había respondido el mensaje que le había enviado al llegar, haciéndole saber que me había adelantado y ya estaba esperándolo; sonreí al leer dicho mensaje, había olvidado lo atento que era con quienes se trataba y veía; y es esa conclusión la que me hizo volver a sentir el miedo que percibí en mi misma en la combi. Él era una persona educada, que conversaba con todos de una manera amena y atenta, no había nada banal para él, casi todo le provocaba curiosidad, y si conocía a alguien nuevo también le causaba interés, por el simple hecho de no conocerlo, ya era una nueva aventura para preguntarle miles de detalles sobre sí. Poco a poco iba sintiéndome como me había sentido antes, cuando salíamos en el pasado y como era; sin embargo él me había expresado que había cambiado este año; sin duda, había cambiado, pero yo no imaginaría que sería por amor. Llegué a la conclusión de que yo no tuve que ser tan especial como para merecer verlo ese día, pues para él sería un día regular que pasaría acompañado de alguien del pasado. Sí, yo ya no era tan especial; y ni las conversaciones de la madrugada habrían sido especiales tampoco, pues él es de los que disfruta conversar casi con cualquiera, así como yo lo era a veces; y que por cierto eso habría aprendido de él.
Habían pasado otros minutos y me llegó otro mensaje: “Ay niña por qué eres tan apuradita ah?? Ya estoy llegando en un toque. Estoy a pocas cuadras”. Pocas cuadras?, me asusté, sentí que me daba vértigo de nuevo y que mi inmovilidad ya no parecía tan útil para la circunstancia. Miré hacia todos los lados, inspeccionando las llegadas de todos los paraderos que podía observar en esa esquina, y nada, no había señal de su cabello largo. Si venía en carro sin duda no podía tardar más de cinco minutos, pero si venía a pie, podría ser que tardase.
Esos minutos fueron interminables y les perdí la cuenta; en eso una llamada vibrando en mi bolso me sobresaltó de la banca, contesté y era él, por primera vez en mucho tiempo oía su voz y tan solo con tal hecho yo ya me sentía enmudecida y petrificada.
- Donde estas pequeña?
- Estoy por el paradero, donde estás tú?
- Camina a la puerta ok? Donde estas? En la puerta oeste o la este?
- No lo sé solo sé que acá a lado de este paradero hay una puerta por donde entran carros? –me sentí enormemente con falta de criterio y desorientada-
- Estas con minifalda de cuero?
- Cómo? No, estoy en la puerta y no tengo minifalda.
- Si lo sé pequeña, ya te vi, ahí voy.
Voltee hacia el paradero por donde había estado imaginando que llegaría, estaba cruzando con una maleta azul en la mano. Estaba idéntico, seguía teniendo el cabello largo y lo llevaba amarrado; tenia puesta la camisa que se puso la primera vez que lo conocí personalmente; sí, la que tenia estampada un poema de Neruda con la misma letra del autor, encima una casaca verde tipo militar y unos pantalones color mostaza; los zapatos era marrones y me pareció que jamás se los había visto; bueno no lo había visto muchas veces que digamos; pero me dio la impresión que los usaba regularmente y que era la prueba de que para él, ese encuentro, no era más que un encuentro informal.
Lo saludé naturalmente, traté de fingir mi exaltación, hubiese querido saltar en sus brazos y quedarme así por un buen rato. Pero no, nos saludamos con normalidad, sonreímos sin sospecha y me preguntó por el DNI, ya que para entrar tendría que dejarlo obviamente. Ingresamos al lugar, y pasamos por una pequeña oficina, donde habría de dejar mi documento y me darían el check para visitantes. Lo miraba y le sonreía con placer, todo en él me hacia sonreír inexplicablemente, era pues mi sonrisa mi desfogue del nerviosismo que me recorría los huesos.
Lo tomé del brazo, sentí tanta naturalidad como si ya lo hubiese estado frecuentando poco antes, lo miraba mientras me hablaba del lugar y muchas de las cosas que me decía para explicar el recorrido, no los estaba oyendo en realidad, algunos detalles sí, por supuesto que tendría que recordar, para así responder a una conversación fluida; pero lo demás era solo disfrutar el placer de estar a su lado. Antes no me había sucedido que sintiese ese placer romántico de salir con alguien de esa forma, realmente no comprendí hasta ese día, lo que llaman “romanticismo”, en verdad el tiempo se hace lento y en verdad todo lo percibes bello. Me sentí cursi y tonta, me sentí de algún modo rosada, una niña regular de las que se enamora y pinta corazones en su cuarto. Sí, yo pinté corazones en mi cuarto, pero no por romántica, sino porque reflejaba aquello que me hubiese gustado sentir. Y ese era el día, yo estaba flotando como Mary Poppins por la ciudad. Le ponía mayor atención cuando me hablaba de su vida personal, trataba de grabar cada palabra de su hilar de conversación, al menos podría poner en práctica lo que aprendí en entrevista psicológica, pensé…
- Dime qué te parece mi universidad? –me preguntó con una sonrisa
- Me gusta, se parece a la mía, yo había imaginado que era puro edificio, por la fachada me dio esa impresión.
- ¿Que significa esa escultura?
- Realmente no lo sé, no conozco todos los significados de las muchas esculturas que hay por aquí.
Ese momento sentí que al fin había preguntando algo que no sabía, lo cual era una rareza, ya que en general casi siempre tenía una respuesta calculada y bien estructurada en la lengua. Mas, sin embargo fueron pocas las preguntas que no supo que responder, después de todo, era su territorio, era el lugar que había frecuentado durante ya algunos años y con seguridad podría afirmar que es de las personas que se conoce muchos lugares sin siquiera haber estado mucho tiempo allí, así que si ya estudiaba allí algunos años, sin duda cada rincón no le sería desconocido a sus ojos y por lo contrario tendría anécdotas cargadas de recuerdos en su memoria.
Su modo de preguntar había cambiado un poco, ahora tenía más tino y precisión para indagar en uno, sin duda el tiempo no había pasado por las puras para él; ante eso solo respondí sin calcular cada interrogante que me lanzó, hubieron otros tantos detalles que no supe como hilar y reformular, definitivamente aun era capaz de dejarme sin palabras con una sola pregunta. Si el profesor Jáuregui me hubiese escuchado, me diría: “Eso sucede por no participar en clase, tu conciencia lo sabe”. Me dejé llevar otros momentos y sonreía sin ninguna explicación observándolo, para mí si tenía explicación, pero no me atreví a decírselo.
Como puede uno decirle a alguien que lo ama con desespero y que ha soñado largos meses por ese momento, si se supone que uno es de las personas que no siente amor y que ha desdeñado su cariño en el pasado, eligiendo a otra persona alegando que es por cuestión de distancia.
No, sin duda no me creería, no era lo apropiado además; era la primera vez que nos veíamos en nueve largos meses, más largos que los últimos tres años de mi vida. No deseaba arruinar el momento, tenía que comportarme como se suponía que debía, debía sonreír y entretenerle el día y callarme toda intención de amor, que ya de tanto me estaba dando dolor de cabeza.
Nos sentamos dos veces para conversar con placidez y realmente en ese instante si lo escuché y regresó en mí, de nuevo esa sensación de minusvalía, de inferioridad que otras veces me había dado vueltas, yo desconocía algunos temas de los que me hablaba y me sentía más desubicada que antes, le tuve miedo a ese instante antes y tendría que afrontarlo solo con entereza, preguntar y solo escuchar.
Volvimos a besarnos, estando sentados por segunda vez, pero esta vez por más tiempo y yo solo sentía gravitar en eso que todos llaman “estar en la luna” ridículamente, porque yo si lo percibía todo, su lengua, su sabor, su olor, la forma de sus dientes, todo, todo en él me parecía familiar, y todo en él me provocaba mas vértigo. En eso él me dijo: “……Yo no quiero ser solo tu amante”, y cuando terminó de salir de sus labios por dentro me sentía iluminada, como si toda esperanza que había matado en mí, despertase con esa frase que le acababa de escuchar. Lo seguí besando y le pregunté qué quisiese que fuésemos entonces, y fue entonces que me apartó, me tomó de los hombros y me dijo:
- Quiero que me des una respuesta seria para esto
- Ah seria?, ah entonces me pongo seria? Ah ok – y me puse seria casi sonriendo-
- No pues tampoco así en ese sentido, quiero que me des una respuesta seria a lo que te estoy preguntando.
- Bueno yo nunca te consideré solo un amante, siempre te tuve un cariño especial, además que eso de ser solo amantes es un tanto aburrido no crees?.
- Sí, lo es; por eso mismo te preguntaba pero bueno….
Sentí que había actuado como si no me importase, como si de verdad me diera igual que fuésemos solo amantes y que si no lo preguntaba no habría dado queja alguna de nuestra posición en adelante. Habría sido capaz de fingir tan bien?, él lo habría notado?, esa duda se quedó en el aire.
Poco a poco se fue terminando la cita, ya habíamos almorzado juntos, ya habíamos conversado lo necesario, él ya había cumplido, y tal vez esa fuese si intención conmigo, tan solo cumplir y alejarse nuevamente de mí. Sin embargo sus palabras, sus ademanes y el haberlo besado me hizo fantasear que tal vez si pudiésemos estar juntos en un no muy lejano futuro. Por qué no?, si ya casi me había perdonado todo, si ya habíamos regresado a nuestras conversaciones fluidas de antes… por qué no? Si yo sé que aun sentía algo por mí.
La cita terminó, él se tenía que ir a trabajar y yo habría de irme a mi casa, me acompañó al paradero, cruzamos y esperamos el carro. Por dentro quería rogarle que nos quedáramos juntos ese día entero, no quería que se terminase la cita, no quería que llegase ninguna puta combi para llevarme de nuevo a casa, mi rutina podía esperar toda la vida, yo hubiese deseado quedarme ahí con él; pero no fue así y tuve que despedirme.
De pronto vi un carro y ya no podría alargar mas mi espera, tenía que irme, pues él tenía que irse a trabajar y yo lo comprendía bien, nos acercamos a la custer y el solo me dio dos besos en las dos mejillas…que había sucedido con los besos en la boca?, que no era acaso ahora natural, me pregunté, pero no hubo tiempo y me tuve que subir.
Durante el tramo hacia mi casa, me fui meditando aquel beso inexplicable para mí, ese indicio me provocó aun mas temor que el inicial y me hizo bajar de las nubes de algodón rosado para estancarme en el lodo donde había estado nadando antes, él acaso solo quería una amistad con sexo?, sí, eso tendría que ser la explicación a su despedida. Sentí pavor de mi conclusión, me quedé indómita y estática durante el viaje… ¿acaso yo había entendido mal?, no era que él había vuelto a sentir lo de antes?. No, no era así, tal y como me lo habría predicho mi madre la noche anterior, ese tipo de sentimientos, si se van, no regresan, y si lo alejas, se transforma en veneno, que ni siquiera pudiera llegar a ser un líquido apreciable. Lo presentí, las circunstancias ya no eran las mismas, y yo ya no era su lolita.

II

13:56 Edit This 0 Comments »
Me sentía pues así, un ente tan insignificante que lo escuchaba ansioso por una respuesta dulce de afecto, me iba contando cosas que ni las había podido imaginar en mis mas grandes fantasías y novelas de pensamiento; se había “casi” casado de una chica en España, era eso acaso posible?, si lo era. Así confirmaba que si tenía corazón y que si se enamoraba, no de mi por supuesto, sino de alguien más culta, de alguien que mereciese mas su ser, su incomprendido ser que yo sé también anhelaba cariño en su negación. Me armé de valor, yo ya no era yo esa madrugada, me puse en piloto automático tan solo para indagar en su ser, preguntarle por aquellas cosas que había temido preguntar por tanto tiempo. Me respondía automáticamente y en monosílabo, eso era señal que estaba entrando en el terreno más personal. Temía por mí, temía por lo que sería de mis días venideros, la angustia que me causaría descubrir sus misterios, y el pesar que me habría de calar su corazón ahora frio para mí.
Mientras no respondía cada pregunta personal, que le permitía la distancia e informalidad de destiempo de la red del msn, me iba preguntando a mí misma, me habría olvidado realmente?, que significaba que antes sentía algo diferente por mi?, sin duda la lujuria y el deseo de poseerme me lo habría profesado en nuestras conversaciones por la red, pero era solo eso; pasión. Quise rendirme y olvidarlo todo, irme a dormir y olvidarme que esa noche había sucedido, todas mis ilusiones y proyecciones se habían roto con un par de líneas cortas, la verdad que mata; al menos era una verdad para mí.
Que habrían de haber pasado ellos juntos en España?, que memorables recuerdos y detalles lo habrían hecho amarla sin que él mismo lo buscara, pues eso dijo él en aquellas pocas líneas: “Te conté que casi me case en España?”. Cuando apenas pude asimilarlo comencé a sentir vértigo y nauseas…”Me ilusioné de ella, además tenía un bebe y me ofreció quedarme, casarme con ella y después le mandaríamos dinero a mi hermana, pero no lo acepté; porque extrañaría demasiado a mi hermana”. Toda una historia, de la cual podrían desentrañarse muchas otras historias y donde yo ya no cabía ni en un cuadro de recuerdo.
Si, era lo justo; pensé, lo justo para quien sabe herir es saber recibir el corte profundo, aun encima de la herida también. Rechazada de nuevo, pero esta vez por la persona que más había querido hasta entonces. Todo era burdo a su lado, los anteriores enamorados, el sexo, las fiestas interminables, las chicas, ya todo me parecía fútil, y sentí de nuevo en mi garganta asco de mi misma, de mi cuerpo, de mis deseos.
De los pies a la cabeza estaba rota, sin ningún ápice de idea de cómo iban a ser las horas que me esperaban, me había lastimado yo misma todos estos años tal vez, y tal vez era yo la que habría de sublimar este sentimiento y superarlo en algún momento. Tendría que hacerlo, pero podría?.
Olvidé el resto de pensamientos innecesarios que cotidianamente me acompañan, incluido el sexo y los amigos, y recordé a mi padre. Si, a él, a quien ame sin saberlo y también perdí. No era una proeza que lo recordase en instantes como ese, solía recordarlo cada vez que perdía a alguien especial en cualquier sentido. Y esa noche traté de pensar en él, trate de apoyarme en su brazo y tal vez imaginándome en su regazo pensé que podría apaciguar toda la furia que sentía que me discurría en el interior.
Mis mejillas fueron el canal de las lágrimas de lado a lado, uniéndose en mis labios, para ver si así podía tragarme la pena, y después discurrirse hacia mi mentón y hacia mi cuello. Lloré, lloré, pero ni siquiera las lágrimas fueron suficientes, ni siquiera el lamento me vino a calmar. Nada de lo que hiciese o pudiese sufrir, harían que las circunstancias cambien, ni nada en mi interior que pudiese abolir toda esta angustia. Había caído en un gran abismo, todas las formas que inventé de divertirme y no amar, me habían quebrado las entrañas una a una y ahora todo parecía haber desaparecido, como si nada de lo que hubiera vivido fuera algo relevante o al menos digno de rememorar. Todos se iban, hasta yo también me estaba yendo, y esa noche terminó también.

sinthia

01:51 Edit This 0 Comments »
Seguiremos jugando, pues; como los semáforos y peatones de Lima, uno no hará caso del otro, y el primero ni se inmutara en su funcionar maquinal; sonriendo calculadamente cada paso al avanzar, nos vamos a seguir rozando las manos, teniendo la certeza que no sabremos sujetar ninguna promesa, porque todo eso se diluye como hielo en nuestras manos.
Los demás, qué incitantes e interesantes se lucen ante la luz; haber quitales esa luz... te aseguro que no tienen ni el color; mas, sin embargo les vamos a seguir danzando o sino tal vez ellos también bailen para nosotros un rato. Como en las fiestas, nos sentiremos agusto inmersos en la bulleria de la gente y el retumbar de la música de moda; pero un poco más fuera, el silencio nos recordará que estamos solos, y que no volverá el dia en que nos conocimos e ignorábamos ese avatar.