C1

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- Pura burla hipócrita y preguntas sin destino haces, realmente crees que tus aires de sapiencia engreída me va a cautivar? –me preguntó sin ninguna sutileza y clavándome directo la daga a mi orgullo recién estrenado.
- Jajaja, así que ahora tengo aires de sapiencia, fíjate tú que yo no sabía que despilfarraba esa imagen hacia ti, pero dime, así con la misma sinceridad que has hablado, te soné engreída?
- No digo, haces las mismas preguntas de rebote, como decir que azul es azul, realmente creo que quieres encubrir tus estúpidas alusiones de cultura que en realidad posees solo a medias, y eso ya es darte mucho mérito.
- Hago preguntas sin sentido, poseo aires de sapiencia y de cultura a medias, soy engreída, algo más? –le respondí casi burlonamente a sus preguntas con una gran sonrisa en mi rostro.
- Y sigues con lo mismo que empezamos señorita, y continuas burlándote de todo cuanto yo considero que es serio, al menos algo que sería digno de tomar con un poco mas de tino y más criterio de tu parte –lo dijo esta vez más calmo, pero aun serio y adusto.
- Hasta ahora he hablado, de la única forma que he aprendido a hacerlo y me viene en gana decirlo, por otra parte en ningún momento me lancé con improperios a ofender tu opinión o los principios de tu persona, aunque difiero ciertamente de ti en casi todo.
- Claro, es difícil para una señorita como tú atreverse a dar una opinión totalmente honesta respecto al otro o a un tema, pues tengo la certeza de que siempre buscas agradar al que te acompaña y buscas embelesar con risas e ideas dulzonas a hombres que incautos se creen las palabras que salen de tu boca. Estoy muy seguro, de que no dices todo lo que piensas, no es así?
- Oh, claro tienes mucha razón, tú; no digo todo lo que pienso; por ejemplo ahora estoy queriendo ir al baño y después irme a mi casa y ver una película que me haga sentir más cómoda o al menos tranquila, en vez de estar aquí contigo escuchándote decirme una agresión tras otra, sin que yo pueda entender aun por qué lo haces.
- Mira, si te quieres ir, puedes irte, haz lo que desees y sé al menos por esta vez un poco más coherente con lo que piensas, sientes y haces –y al terminar de decirlo se levantó de la mesa y me hizo una señal de que me iba a acompañar hacia mi camino de regreso a casa.
- Jajaja, realmente creíste lo que te acabo de decir? –y volví a responderle burlonamente, buscando que llegue a explotar de furia y rabia.
- ¿Estas jugando conmigo o qué?, me estas cansando, por qué mejor no somos totalmente sinceros y aceptamos que no nos soportamos y que nunca vamos a estar de acuerdo respecto a nada –esta vez lucía aun mucho más molesto y serio que nunca; y volvió a sentarse.
- Sincera estoy siendo, yo no me quiero ir, y no me ha causado molestia tus opiniones –mentí un poco- yo quisiera sin embargo saber, porque te has sentido de algún modo ofendido, o afectado por como yo te hablo; ya que en ningún momento he querido incomodar y arruinar esta bonita velada.
- Sigo creyendo que todo lo que sale de tu boca solo es veneno de sabor a miel, ¿por qué mientes tanto?, ¿porque no dices la verdad?, dime, yo sé que todo lo que dices siempre, todo es una mentira.
- Wuauuu, ahora también soy mentirosa; fíjate que mi carrito de defectos cada vez se está llenando más, vamos sigue, sigue quejándote –un poco afectada pero lo animé a que continuara.
- Creo que salir contigo ha sido la peor decisión que pude haber tomado esta mañana, estás llena de figuras y máscaras y no entiendes ni un ápice de lo que opinas muchas veces, antes te me figurabas más sabia, más Afrodita, más Musa; pero ahora veo como eres en realidad, y no eres ni el eco de lo que te soñé –se había calmado diciendo esto y me miraba interrogante, queriendo que yo le lanzase una respuesta tonta para que confirmara su presunción.
- Asumo que ya es casi lo último que tienes en la manga para querer hostigarme y afectarme, así que ahora si seré un poco más abierta contigo…Sí, tienes razón en casi todo lo que me aludes, soy inculta, soy engreída, soy burlona, intolerante también te faltó alegarme, soy mentirosa también y muchas otros adjetivos que van de la mano de los que ya mencioné…casi nunca te equivocas ante mis ojos, pues toda opinión que sale de tu boca, es para mí una verdad hecha ley, y te la discuto porque pretendo figurarte una mujer con criterio, alguien que entiende lo que dices, pues quien mejor para entender y replicar un juicio, que el que te critica. Tú en mi vida, eres lo que admiro, lo que yo quisiera hacer, lo que quisiera saber y alcanzar algún día; por supuesto no de la misma forma y no completamente gemela de tu ser, pero alguien similar. Siempre te he visto sonreír y cortejar, siempre tierno, galante, curioso, amable y preguntón; pero hoy te has revelado ante mí y te has vuelto otro, una persona desconocida para mí, me has hablado como nunca te he oído hablar y aun así te doy la razón. Pues para mi, en esta tarde, en este día, no me importa tener la razón, no me importa si soy o no culta, si tu sabes más o yo sé menos; este día lo único que me importa es estar discutiendo contigo. Y tienes aun más razón al decir que miento… Sí, cuantas veces no te he mentido, y he dicho que sí a cada capricho tuyo con encanto; no pues yo no estaba encantada. Yo le tengo miedo hasta a tu sombra, le tengo miedo a tu opinión, a tu sonrisa, a tus preguntas…sin embargo he aprendido hoy a reírme. Me rio porque ya nada es importante o irrelevante, todo es igual al fin y al cabo. Puedo hacer y decir muchas cosas de mí y de lo que pienso pero eso no va hacerte cambiar las cavilaciones ni juicios que tienes de mí. Me rio porque no me queda nada más que hacer. Porque sé que esto me causa más pesar que a ti.
- Basta señorita, basta ya –se había sensibilizado pero aun me miraba con seriedad y lejanía en los ojos.
- Sí, basta ya, basta –tuve ganas de llorar y a la vez de reír, pero sentí una paz muy en el interior desde la garganta.
- No te creo nada, pues tu misma has aceptado tu mentira general, que nada es cierto en ti, y aunque me sorprende tu imaginación para querer convencerme, te doy las gracias por esto, te tendré siempre en recuerdo, pues tu mejor que nadie me has sabido complicar, ese mérito lo posees hasta ahora.
- He dicho todo cuanto es cierto para mí, pero a la vez tú tan sabio, tan lleno de conjetura y juicio siempre tendrás a quien juzgar y alegarle la mentira, para que sigan actuando cíclicamente en tu teatro. Y siiiiiiii basta ya, basta ya.
- Adiós señorita, Ud. si que está loca –sonrió pero sin seguridad y se volteó para alejarse.
- Sí, estoy loca –lo observé alejarse y aun estando cerca me invadió completa la inagotable nostalgia, aun seguía temiéndole a su juicio y también le di casi toda la razón, pero esta vez fue diferente, esta vez me sentí mejor y me reí de mí.

Visita

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Estábamos los dos sentados, tomando una infusión acompañándolas con galletas; de pronto el cuadro lucía como el lonche de los dos hijos buenos, planeado y familiar. Me sentí expuesta, y sin saber cómo actuar bajo esas circunstancias. Qué se supone que debía decir, o en mayor caso, que debía no decir; ya que sus padres nos estaban escuchando cautelosos cerca de la sala, y tal hecho me provocaba desconcierto e incertidumbre; entonces recordé por un instante como era comportarse como la chica buena de la casa en mi infancia, para los tíos que venían de visita. Yo fuese tal vez por esa sola visita, una niña buena, queriendo dejar, al menos, una decente impresión, aunque tal vez no estuviese acorde con toda mi persona, mas eso no era lo que importaba en ese instante, ni en esa visita. Prosiguiendo él me preguntaba con naturalidad, temas para mí, personales, u opiniones que de por sí no me atrevía a discutir con mi mama o mi hermano; y por tal razón la idea que sus padres nos estuviesen oyendo me causaba incomodidad y mis respuestas no eran del todo natural; no por hipocresía, sino porque la naturalidad se me había hecho más fluida en circunstancias ya demasiado calculadas y encuadradas; todo fuera de ese encuadre ya parecía peligroso o simplemente fuera de mi alcance para responder con la mayor honestidad, y aunque no estuviese siendo tan espontanea en mi responder, el sentimiento que se perfilaba en el ambiente me sabia a ternura, me sonaba a protección; proveniente de sus padres que nos habían dejado el escenario listo, mientras se los presentía a ellos como expectantes cuidadosos de su obra. Aun así pude calmar mi sosiego por la escena, por la sensación de protección y atención que me había dejado la mesa con las galletas y las tazas calientes sobre la mesa.
Tal y como lo había descrito su madre, ella ahora se había resuelto a estar más cerca de su hijo y formar mas parte de su vida, aunque fuese en un té o una salida al futbol, y cuando lo hubo contado, su voz me sonó al cariño maternal que también mi madre poseía; por un momento pensé que tal vez fuese a causa de que ellas dos habían nacido en pueblos cercanos, y que su infancia y tal vez sus juegos hayan sido similares, y con el tiempo habrían también aprendido a amar con un son de aire ingenuo y cándido en la voz, tal vez fuese así, pero si muy probablemente habrían despertado bajo los mismos cielos inmensamente celestes y pincelados por las nubes; sin duda esa habría de haber sido otro tipo de vida. Y ahí nos encontrábamos él y yo, tomando de a sorbos la infusión caliente, que para el frio venia muy bien bienvenido al cuerpo. Sus preguntas no las recuerdo con exactitud, como así no recuerdo muchas de las líneas de conversación con otras personas; no, por no ser importantes, sino tal vez porque mi memoria no quisiese guardar recuerdo de lo que me hubiese provocado vulnerabilidad; y por otra parte además porque no estaba completamente ahí presente mi completa atención. Me encontraba aun un tanto anestesiada de los hechos y las atenciones, todo cuanto pareciese emocionante, se me figuraba relevante tan solo los primeros cinco minutos, para luego degluirse en la más honda insignificancia que pudiese haber presenciado; aun seguía sin volver en mí, sin reaccionar. Por algunos días cercanos me había conjeturado y llegado a convencerme de que en realidad yo me hube dormido de la vida hace mucho, y que lo que yo pudiese estar teorizando sobre mi presente angustia de mal de amores, era en realidad solo un síntoma de lo que de trasfondo había venido arrastrando por más de tres años.
Luego que terminamos la merienda de la mesa, me invitó para seguir conversando fuera de su casa, sentados en la esquina sobre la vereda, como lo habíamos hecho la primera vez que lo había vuelto a ver. En ese momento pensé que tal vez él hubiese presentido mi angustia de sentirme observada por el escrutinio de sus padres, o tal vez simplemente él sintió la misma necesidad de privacidad que yo.
Sentados de nuevo en la vereda, y aunque su sobrina no parase de bailar y regarse en él como una damisela; nos dispusimos a seguir charlando sobre nosotros. Desde que retomamos la conversación, por un momento me invadió la necesidad de hablar sobre el pasado, de indagar sobre ciertas motivaciones que siempre me provocaron intriga y duda, en los tiempos de colegio que nunca había tenido el valor ni la cavilación para averiguar. Qué había sido de mí, en esa época, qué impresión tenía de mí, que signifiqué para él, todas esas preguntas me invadieron. Estaba sobreexpuesta, y sentía que no era tan necesario que yo preguntase tales preguntas de una forma así directa, pues así sonaría a pretensión, a interés genuino que en realidad prefería, él no diera tal conclusión. Mi interés no era rescatar esa pasión adolescente, ni inmiscuirlo en los entramados de mi complicada vida, tan solo esperaba una opinión honesta y abierta de alguien que ya me hubiese conocido; y aunque tal vez hasta ese día yo lo considerase anodino en perspectiva, al ir fluyendo las horas descubrí que poseía una espontaneidad innata que me hacía sentir cómoda. Ahora las circunstancias eran diferentes, ahora era otra persona la que me obsesionaba y me causaba tanta angustia a causa de la indiferencia; a lado de ese contexto, cualquier opinión desagradable o recuerdo inefable del pasado; era cualquier piltrafa que no me causaría daño ni molestia, pues en ese instante yo adolecía de otra persona y lo demás ya no era tan angustioso en analogía con él. Por tal razón me atreví, me arrojé a preguntarle, o más bien a contarle detalles que él había ignorado por mucho tiempo sobre nuestra antigua relación y sus benefactores malintencionados que anduvieron siempre rondándonos. Él se sorprendió y hasta se burló con gracia de lo que le iba contando, me preguntó por qué no se lo había contando antes, y ni yo misma le encontré respuesta. Antes había creído demasiado innecesario decir aquellos detalles a cualquiera, pero detalles como ese, se los tenía que contar, anhelaba observar su expresión, su atención o desatención respecto al tema. Le conté varios detalles, en ellos incluidos muchos contextos de mi vida por ese tiempo, y que hasta ese momento no se lo había hecho conocer. Presentía que mi pasado o mis juicios no le causaban el interés que tal vez me hubiese gustado que si le causaran importancia; pero si era su forma natural de apreciarme, no tenia por que juzgarlo, me bastaba su parcial atención, al menos ese día. Seguí hablando pausadamente como si tratase de calcular bien lo que tuviese que decir, mas después sus ademanes y sus interrupciones interrogantes me desvariaron la ilación y ya todo se desalineó del encuadre en el que me sentía más cómoda; por un momento tuve la sensación de que me pudiese estar entendiendo, de lo que yo estaba sintiendo en ese momento, al menos en alguna magnitud la agonía interna por no poder decir o expresar, por no poder llorar al aire libre o simplemente tal vez poder trascender mi pesar, como se supone que lo hace un adulto sin afectar sus responsabilidades como lo estaba haciendo yo; así mismo él tal vez también pudiera estar sintiéndose así, me imaginé de rato en rato; aunque por otros instantes me invadía la sensación de que todo estuviese siendo una escena calculada para poder tenerme de su brazo como un ancla, y que quien sabe no fuese yo la única en servirle de tal utilidad. Todo era pues, sin duda incierto, como lo había sido casi todo lo que provenía de él desde que yo lo hube conocido, y era casi una aventura conocerlo ahora, en lo más intimo, en su casa, con sus padres cerca que lo cuidaban, dentro de su habitual contexto y sobre el momento más sensible de su vida hasta ahora, cuando él estuviese luchando por recuperarse del pasado y dar un paso en firme para hacer y pensar lo que se supone hacen los adultos. Entre cada tema, hubieron momentos en que no sabíamos que decir, y él atinó muy propiamente a decirme que el silencio se iría esfumando con algún tema trivial sin que durase mucho tiempo y que no debíamos preocuparnos por ese instante incomodo.
Yo aun me percibía anestesiada de la vida y del mundo, y lo envidié, envidié sus ganas de vivir que las sentía más grandes que las mías. Aun se encontraba dentro del programa de rehabilitación y tal vez el hecho de que todos a su alrededor lo estuviesen alentando para su recuperación y que ahora disfrutaba de compañía obligada y poca intimidad, lo hacían querer vivir y conseguir todo lo que se espera de un adulto. Tal como lo hubo dicho él, tener una carrera, tener una familia, independizarse y jamás recaer en la droga. Lo envidié por un momento por la seguridad que reflejaba al hablar de su futuro y de su mejora; pero a la vez tuve miedo por él también.
Toda esa seguridad la profesaba como si en realidad el mundo que se le exigía alcanzar fuese sencillo de conquistar, su seguridad no conocía pues aun los verdaderos desafanes que le harían hacer trastabillar los pies en el intento. Sus aires de futuro, sonaban a idealismo heredado, a eso que todas las generaciones debemos aspirar y cumplir, pero sería ese su verdadero afán y pasión por vivir?, por otro lado, aun si fuesen genuinas esas metas tendría que ponerlas a prueba sin ningún apoyo algún día, ya que estar siendo alentado, atendido, protegido y cuidado, le pueden dar a cualquiera esa seguridad para poder saltar del piso, porque uno sabe que hay un piso donde has de caer, mas el mundo como lo había descubierto yo; poco a poco te va quitando el piso, y cada vez se te exige saltar mas y mas alto, pues el adulto aspira a ser independiente. Tuve miedo por él y también tuve deseos de cuidarlo como lo estuviese haciendo su madre, aunque sin embargo un día llegaría el momento que el descubriese que el mundo puede ser tan agrio como la hiel y que sin el piso confort o el regazo cálido de una madre, todo pareciese ser sin sentido. Si, llegaría el día que él descubriese lo que yo estaba descubriendo, y lo que mi anestesie me impedía asimilar; y sentí miedo por él, pues tan cerca sentí el anhelo de su madre, de aspirar un futuro mejor para él, que también había calado en mí, de una forma inexplicable ese anhelo también para él.
Probablemente así lo descubriría algún día, y su modo de afrontar la agria realidad, seria la prueba final de su rehabilitación o no rehabilitación, ya que el hombre frágil que se encuentra nadando sin destino en el lodo, no desea nada más que alivianar su pesar, o tal vez cesarlo con la muerte; por otro lado tal vez esos fuesen caminos que yo cavilé días atrás, tal vez él no llegaría a esa conclusión, y no llegase a recaer como todos los que lo rodean temen. Pero por otro instante me vino a la mente toda una revolución de ideas, sobre mí y la explicación del patrón de mi actuar, y encontré tal vez la respuesta, con tan solo escucharle y estar sentada ahí con él un grupo de horas.

La Mantis Religiosa

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Mi mirada cansada retrocedió desde el bosque azulado por el sol
hasta la mantis religiosa que permanecía inmóvil a 50 cm. de mis ojos.
Yo estaba tendido sobre las piedras calientes
de la orilla del Chanchamayo
y ella seguía allí, inclinada, las manos contritas,
confiando excesivamente en su imitación de ramita o palito seco.
Quise atraparla, demostrarle que un ojo siempre nos descubre,
pero se desintegró entre mis dedos
como una fina y quebradiza cáscara.
Una enciclopedia casual me explica ahora
que yo había destruido a un macho vacío.
La enciclopedia refiere sin asombro que la historia fue así:
el macho, en su pequeña piedra,
cantando y meneándose, llamando hembra
y la hembra ya estaba aparecida a su lado,
acaso demasiado presta y dispuesta.
Duradero es el coito de las mantis.
En el beso ella desliza una larga lengua tubular
hasta el estómago de él
y por la lengua le gotea una saliva cáustica,
un ácido, que va licuándole los órganos
y el tejido del más distante vericueto interno, mientras le hace gozo,
y mientras le hace gozo la lengua lo absorbe, repasando
la extrema gota de sustancia del pie o del seso,
y el macho se continúa así de la suprema esquizofrenia de la cópula a la muerte.
Y ya viéndolo cáscara, ella vuela, su lengua otra vez lengüita.
Las enciclopedias no conjeturan.
Ésta tampoco supone qué última palabra
queda fijada para siempre en la boca abierta y muerta del macho.
Nosotros no debemos negar la posibilidad de una palabra
de agradecimiento.

José Watanabe - (De El huso de la palabra)

sinthia

01:51 Edit This 0 Comments »
Seguiremos jugando, pues; como los semáforos y peatones de Lima, uno no hará caso del otro, y el primero ni se inmutara en su funcionar maquinal; sonriendo calculadamente cada paso al avanzar, nos vamos a seguir rozando las manos, teniendo la certeza que no sabremos sujetar ninguna promesa, porque todo eso se diluye como hielo en nuestras manos.
Los demás, qué incitantes e interesantes se lucen ante la luz; haber quitales esa luz... te aseguro que no tienen ni el color; mas, sin embargo les vamos a seguir danzando o sino tal vez ellos también bailen para nosotros un rato. Como en las fiestas, nos sentiremos agusto inmersos en la bulleria de la gente y el retumbar de la música de moda; pero un poco más fuera, el silencio nos recordará que estamos solos, y que no volverá el dia en que nos conocimos e ignorábamos ese avatar.